Un agricultor, de poco estudio, participaba todos los años en la
principal feria de agricultura de su ciudad y lo más
extraordinario es que él siempre ganaba el trofeo más preciado:
el “MAÍZ DEL AÑO”. Año con año, entraba con sus mazorcas
en la feria y salía con la faja azul del triunfador recubriendo
su pecho.
Su maíz era cada vez mejor. En una ocasión, un reportero lo
abordó después de la tradicional colocación de la faja de
campeón y quedó muy intrigado con sus revelaciones de como
acostumbraba cultivar su calificado y valioso maíz y descubrió
que compartía buena parte de las mejores semillas de sus
siembras de maíz con sus vecinos.
- ¿Cómo puede usted compartir sus mejores semillas con sus
vecinos, cuando ellos están compitiendo directamente con
Usted?
El agricultor respondió: - ¿Usted no sabe? ¡Es simple!
El viento, las abejas y los insectos recogen el polen del jilote
maduro y lo llevan de potrero en potrero. Y eso es de todos. Si
mis vecinos cultivan maíz inferior al mío, la polinización
degradaría continuamente la calidad de mi grano. Si yo quiero
cultivar maíz bueno, tengo que ayudarlos a cultivar el mejor
maíz, compartiéndoles mis mejores semillas.
Moraleja:
Aquellos que escogen estar en paz, deben hacer que sus vecinos
estén en paz y ayudarlos a encontrar la felicidad para que
vivan bien pues el bienestar de cada uno está ligado al
bienestar de todos.
Todos somos importantes los unos para los otros. Para vivir
bien, dependemos los unos de los otros por lo que siempre se
debe ayudar a su vecino a cultivar cada vez más las mejores
semillas, el mejor maíz y las mejores amistades.
“Para tratar consigo mismo, use la cabeza”
“Para tratar con los otros, use el corazón
• Publicado por Francillard Pedro Francisco en marzo 22, 2009 el 3:10pm
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